lunes, 8 de diciembre de 2014

LA MODA DE LA MODA - Ana Martín ( España)


Ana Martín (Santa Cruz de Tenerife, Islas Canarias, 1973) es periodista, experta en comunicación institucional y política. Ha trabajado, desde 1994, de manera continuada en radio y prensa escrita, en las secciones de Cultura y Política. Ha sido, asimismo, columnista en diferentes medios escritos.


En los últimos años, tal vez en los últimos meses, no me hagan mucho caso, he observado, no sin sorpresa, un fenómeno creciente que –hoy quiero confesar—me inquieta sobremanera: He visto 
convertirse en blogger de moda a gente que, durante toda su vida, había pensado que Tom Ford inventó el coche de mismo nombre. 

A chicas y chicos que se pasaron la adolescencia y la juventud, incluso el año 2007 completo, vestidos de mormones y con gafas de culo de botella (nada que objetar a ambas cosas, que, por cierto, ya han sido tendencia y, si no, lo serán). Tanta ha sido la profusión de nuevos expertos, que he temido encontrar en la blogosfera a la portera de mi antiguo edificio, bata de flores en ristre, zapatillas guateada, comentando la alfombra roja de los Oscars, toda vez que la cuarta parte de la comunidad en la que viví de chica se dedica, en la actualidad, a hacerse selfies en la puerta de las tiendas, pelotear a marcas diversas a ver si cae algo y colgar posts sin criterio, salpicados de faltas de ortografía, varios “trendy” y “cool”, una recua de puntos suspensivos y gran despliegue de comentarios entre lo histérico, lo naif y lo desubicado.

Y he buceado –de manera figurada, no me pidan más— en el universo bloggero cercano, copado, especialmente por nosotras, las mujeres, por saber qué lleva a alguien que no es periodista, ni modelo, ni diseñadora, ni experta, ni famosa, a hacer como si fuera todas esas cosas a la vez. Debe tener mucho que ver la superficialidad extrema que los tiempos nos imponen, la escasez de análisis, la vida a golpe de titular, el exhibicionismo en el que todos, salvo raras excepciones, hemos caído. 

Y, también, seguramente, la realidad –dura-- que hace que vistos los beneficios que obtienen las bloggers conocidas, hayamos desplazado el deseo de ser modelos o actrices por este otro, más al alcance de la mano y del golpe de suerte.

¿Es esto malo? A priori, no. Partiendo de que cada uno puede dedicar tiempo y sudor a lo que le dé la gana, como hago yo misma, malo, malo, no es. Lo que sí resulta es extremadamente cansino. Y 
vulgar. Y repetitivo. Y cargante.

Háganme caso. Desciendan por un momento al baúl de la gracia popular y el refrán atinado, ese que no se debe abandonar y que contiene frases tan certeras como: “Manolete, si no sabes torear... ¿pa qué te metes?”

Ahí lo dejo.

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