lunes, 15 de diciembre de 2014

NO TE QUITES LA ROPA - Elisa Sicouret (Ecuador)


Elisa Sicouret es periodista y ha trabajado en los medios de comunicación más importantes de Ecuador desde 1993. Ha ganado dos becas internacionales de periodismo del Instituto Goethe y el gobierno alemán, así como del World Press Institute de Minnesota (Estados Unidos). Actualmente es Directora Editorial de las RevistasSamborondón, Valles y Costa, de Editorial Uminasa del Ecuador, y colaboradora freelance de In, revista de la aerolínea Lan Chile.


¿En qué momento se le vendió a la mujer la idea de que llegaría lejos mientras más corta sea la falda, más profundo el escote, más sexuales los pasos de baile y más diminuto el bikini? Sí, la revolución femenina del siglo pasado instó a quemar los sostenes para rebelarse contra el sistema en una batalla por la igualdad de género. 

Pero hoy no hay nada de eso; lo que existe es el concepto de que el sexo vende, y de que una mujer que se deja tratar como objeto de deseo tiene poder. Algo no anda bien cuando artistas como Miley Cyrus o Nicki Minaj deben aparecer parcial o totalmente desnudas para causar revuelo en las redes sociales y generar más descargas de iTunes. Algo no anda bien cuando las canciones del momento 
dicen cosas como: “Menéate chica, tienes tremendo culo” (Pitbull) o “¿Te gusta el sexo? ¿No te gustaría tener sexo conmigo?” (Beyoncé). Algo no anda bien cuando Kim Kardashian hace un desnudo frontal y posterior para una revista con el fin de “romper el internet”. Algo no anda bien cuando la mayoría de las series de televisión y películas muestran explícitas escenas de sexo a todas horas donde, ¡oh, sorpresa!, quien generalmente sale desnuda es la mujer y no el hombre (el ejemplo más claro es Game of Thrones). Y algo definitivamente no anda bien cuando jóvenes y adultas, 
vestidas con microfaldas y megaescotes, creen que bailar es sinónimo de un frenético roce de genitales (el bendito twerking que estandarizó Miley Cyrus).

La mujer ha sido considerada como un objeto quizás desde tiempos inmemoriales, esto no es nada nuevo; pero el asunto es que la sociedad nunca lo había aceptado como algo normal, y de manera tan masiva, como en la actualidad. Ya nadie se asombra de ver a Beyoncé en vídeos que bien podrían ser pornografíasoft, o a Rihanna haciendo topless a cada rato y en todo lado. Por eso se va cada vez más allá, empujando cada vez más los límites ante la impasividad generalizada de quienes creen que Miley Cyrus tocando las partes íntimas de Robin Thicke en un escenario es cosa de rutina.

A la mujer le tomó décadas llegar a una relativa igualdad de género en temas clave como el laboral, pero parece que se le dificulta abrir los ojos y ver que mientras más se quita la ropa, más terreno va perdiendo en esas conquistas que costaron sudor y sangre, y que no se lograron precisamente por exhibir el trasero o los pechos, sino por hacer uso del que sí es su mejor atributo: su cerebro.

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