lunes, 26 de enero de 2015

SALIR DEL (OTRO) CLÓSET - María Dolores Miño (Ecuador)





Ecuatoriana, especialista en derechos humanos y derecho internacional.  Niega rotundamente ser abogada. Ha trabajado en varios organismos de protección de DDHH, libertad de  expresión y género a nivel nacional e internacional. Docente investigadora de la Universidad de las Américas, Quito. Emprendedora, bloggera y articulista para varios medios impresos y electrónicos . Su lado rosa es la moda, la decoración de eventos  y escribir en el blog : www.cafesito4thesoul.wordpress.com


En los últimos años, el mundo de la farándula ha lamentado la muerte casi inexplicable de talentosos actores, actrices y cantantes, quienes han sucumbido a una de las peores enfermedades de nuestro tiempo:  la depresión.

Dentro de todo, la pérdida de Heath Ledger, Brittany Murphy, Robin Williams, Cory Monteith y Phillip Seymour Hoffman, entre otros  no fue en vano. Gracias a estos acontecimientos, se pudo finalmente a traer a la luz pública el debate sobre esta enfermedad, que en la actualidad es padecida por unas 350 millones de personas en el mundo entero, según los datos de la Organización Mundial de Salud. De acuerdo a ese organismo, la depresión es la principal causa de incapacidad laboral en el mundo, y afecta en un 50% más a las  mujeres que a los hombres.
A pesar de su gravedad, la depresión sigue siendo un tema tabú, y por esa misma razón incomprendida y tratada inadecuadamente, si es que llega en algún momento a tratarse. Las consecuencias de no abordar el problema se visibilizan solo cuando el paciente comete suicidio, se inflige heridas o padece una sobredosis, y la situación entonces pasa de ser un asunto de la mente a un asunto físico, por ende digno de ser atendido por la ciencia médica.


Esto se agrava además, porque parecería que la sociedad moderna rechaza sistemáticamente la tristeza como algo malo, digno de ocultarse. Facebook, Instagram y otras redes sociales han consolidado una cultura donde solo es permitido ser feliz, atractivo, exitoso y amado, mientras que otros sentimientos negativos- tan propios de nuestra esencia humana- deben esconderse e invisibilizarse. Nadie se atreve ya a mostrarse a sí mismo como un ser vulnerable, que a ratos puede quebrarse y perder la fe; nos vamos robotizando. El resultado es millones de personas cuyos sentimientos se ocultan por miedo a ser tachados de “raros”, “dramáticos” o “diferentes”, y que luego explotan de formas violentas e irreversibles. Ello es más grave en el caso de los hombres, quienes culturalmente se han visto forzados a ocultar sus emociones como un sinónimo de virilidad,  especialmente en sociedades altamente machistas.  No es de sorprenderse entonces que solo en Estados Unidos, el consumo de antidepresivos haya aumentado en el año pasado de un 30% a un 75%, mientras que las sesiones de terapia se han reducido de un 71% a un 60%. Hablar de nuestras tristezas y preocupaciones es políticamente incorrecto.


El problema radica en la incapacidad de  la sociedad de entender a la depresión como una enfermedad que necesita ser tratada en todos los casos. Hasta hoy, quienes la padecen son vistos por sus amigos y familiares como personas débiles, extremadamente sensibles, que incluso resultan molestas por sus permanentes episodios de tristeza, y que por ende terminan siendo aisladas, lo que solo agrava su situación.  Quienes están deprimidos no reciben apoyo emocional de sus allegados, pues estos generalmente limitan su participación en el asunto diciendo “supéralo”, “tienes que ser fuerte”, “tienes que poner de parte”, como si el paciente con depresión no viviera en una lucha segundo a segundo por sentirse bien. Pero no puede, porque su cerebro no está químicamente capacitado para hacerlo, y  de ahí la desesperación que luego termina en autoagresión y suicidio.
Tenemos que empezar a tratar la depresión con la misma empatía con la que tratamos otras enfermedades graves de nuestro tiempo. Nadie, creo yo, se atrevería a decirle a un paciente de cáncer que “solo con una actitud positiva” va a poder  curarse. Tampoco le dirían a un diabético “el azúcar te hace daño solo porque tú crees que te hace daño” o “si estás en paz con Dios ya no te vas a sentir mal”. A una persona con un pierna fracturada sería ridículo decirle "para curarte, tienes que correr más rápido”. No obstante, el paciente con depresión diariamente debe soportar, además de su enfermedad, un sinfín de razonamientos similares por parte de sus allegados. La versión más perversa de la percepción del depresivo es aquella que los estigmatiza y avergüenza catalogándolos de locos.

Imposible que en un contexto de tanta intolerancia el paciente con depresión pida ayuda. Así,  pasan años tratando de salir por sí mismos de una situación de permanente sufrimiento que no están en capacidad de superar solos (así como las células cancerígenas no mueren solas ni el exceso de azúcar en la sangre se va solo por la voluntad del paciente). Es solo después de algún episodio especialmente dramático o peligroso, que el depresivo o sus familiares se dan cuenta de la necesidad de  recurrir a un profesional. Aún en estos casos, se espera resultados inmediatos, poniendo nuevamente al paciente en una situación de presión que no le permite tener un proceso de sanación adecuado. Es como esperar que el cáncer desaparezca a la primera sesión de quimioterapia.

Lo que tampoco se entiende es que quienes padecen depresión deben llevar y tratar la situación por el resto de sus vidas.  Tomar pastillas por tres meses posiblemente ayude al paciente a salir de un particular episodio, pero eso no quiere decir que en el futuro no tendrá otro igual o más fuerte. Por lo tanto, requieren permanente monitoreo y acompañamiento de las personas más cercanas a ellas, no solo para poder detectar a tiempo un posible episodio, sino para crearles un ambiente de suficiente confianza, entendimiento y apoyo que reduzca las posibilidades de recaer. Finalmente, la necesidad de hablar abiertamente del tema no solo facilitará que el paciente pida ayuda sin sentirse estigmatizado o avergonzado, sino que permitirá identificar la enfermedad en otros miembros de la familia, dadas las altas probabilidades de que esta sea transmitida genéticamente.


lunes, 12 de enero de 2015

LA SANTÍSIMA TRINIDAD, NO EXISTE.- María Mercedes Arevalo (Ecuador)

                                                       



María Mercedes Arevalo, 24 años...Abogada amante de la moda y de su perro.




“La Santísima Trinidad no existe. Es imposible encontrar un tipo guapo, inteligente y emocionalmente estable.” @mechearevaloes

Es uno si no el más popular de mis tuits y ha recibido desde aplausos hasta  promesas de que “Yo, Perico de los Palotes, soy ese hombre” para mí fue un chiste, más estoy segura de que no existe, 

- ¿por qué? me dirán, mi Agustíncito es así, te prometo, no es guapo, es guapísimo, no es inteligente, es un genio, no es emocionalmente estable, lo es por ambos, es mi roca.

Y sí, para ti, lo es, para mí tal vez es feo, tal vez es algo inteligente pero no me impresiona y ¡está loco!, porque yo no busco en una pareja lo que busca mi hermana o lo que busca mi mejor amiga, y para mí “el tipo guapo, inteligente y emocionalmente estable”, aún no ha aparecido, ojalá lo haga pero que no se apresure, quiero para cuando llegue, ser la mejor versión de mí misma y que 
para cuando él lo haga (llegar esto es) sea la mejor versión de sí mismo, que crezcamos como personas juntos.

Me dijeron también que si le agrego cualidades aún más extrañas como “generoso, trabajador, honesto, bueno con los niños” mejor espere sentada, eso sería como encontrarme hoy al salir del trabajo con un unicornio esperando para llevarme a casa. 

Pero vuelvo, lo que yo quiero, no es lo mismo que quieren otras mujeres y tal vez para mí no sea una cualidad necesaria que sea músico cuando mi mejor amiga no saldría con alguien que no toque algún instrumento.

Hay hombres de todos los colores, olores y sabores, cada una sabe qué quiere en uno y para qué quiere a uno, porque en verdad, no todos los hombres con los que salgas van a ser el amor de tu vida, si tenemos suerte, uno lo será, 

¿Pero los demás? Ellos están ahí para que descubras qué quieres y qué no, qué puedes comprometer y qué cosas para ti son irrenunciables, están para que cuando llegue el indicado, sepas que lo es. 

En fin, hoy, no existe la Santísima Trinidad, mañana probablemente tampoco, pero algún día espero encontrarlo, quién sabe si es paseando por las calles de Madrid o en la ferretería de la vuelta de mi casa, sólo sé que tal vez aparezca y que será el tipo guapo, inteligente y emocionalmente estable para mí.

lunes, 5 de enero de 2015

¿IRRESPETUOSOS O ACOMPLEJADOS?- Laura Agudelo (Colombia)


Periodista con una trayectoria profesional de 20 años. Creadora del blog lapesadademoda.blogspot.com, un espacio para la quema de calorías fatshionistas y seudointelectuales de su autora. Actualmente, consultora independiente de medios de comunicación y relaciones públicas, apasionada por todo lo que tiene que ver con la moda.

No sé cuál es el verdadero problema.
No sé qué es lo que estamos haciendo mal (me incluyo).
No sé cómo van (vamos) a frenar esto.
No sé qué es lo que queremos...


¿Matarnos todos contra todos? No sé qué es lo que buscan, ¿quiénes son los que buscan?
No sé si hay personas que creen que son superiores, porque "tienen" mejor gusto, más ropa, más dinero, leen más, son blancos, amarillos, morenos, religiosos, heterosexuales, flacos, rubios, pelinegros, ojiazules, ojiverdes, ojinegros, ojicafés, intelectuales, seudointelectuales, creativos... Insisto, no sé qué es lo que pasa, pero nosotros los seres humanos, los que habitamos el planeta tierra, nos vamos a ir quedando solos más rápido por la falta de respeto por el otro ser humano, el que tiene al frente, que por la falta de agua, alguna enfermedad o el cambio climático en general.
Hoy me enteré del suicido de Sergio Urrego, un jovencito que decidió lanzarse desde una terraza, porque en el colegio le hacían matoneo, según entendí, desde la mismísima dirección del colegio, cosa que me cuesta creer enormemente, pero que de ser verdad, sería lamentable, muy lamentable.
Sin embargo, sé que muchas veces el matoneo sale de las personas menos esperadas. Y para leer lo que sigue, mejor se sienta y toma un vaso de agua, muchas veces el matoneo sale de las propias mamás, hermanas, tías, abuelas y suegras. Lo sé porque precisamente en estos días, leía con indignación el correo que una joven lectora del blog me envió y que les voy a compartir:
"Hola me llamo XXXX tengo 17 años he sufrido mucho por soy gordita a veces trato de no pensar en eso y me aferro a q soy bonita pero hay gente que no lo toma por ese lado me dice muchas cosas y agreden . una vez quise quitarme la vida pero luego me di cuenta que yo valgo mucho tal vez para la sociedad no, pero quiero sentir el apoyo de otra persona que haiga pasado por eso la verdad no tengo el apoyo de mi madre, mi hermana es delgada y ella también me juzga me siento mal me he salido de varios colegios por no sentirme así me encierro me aferro a la soledad pero quiero vivir la vida como tu la vives. A veces me siento y me pregunto sera que debería seguir en este mundo y me respondo siii . pero cuando trato de pararme el mira ya sentirme útil no habrá una persona que me diga lo inútil que soy. Quize tener mi fiesta de 15 años como toda niña quisiera pero no puede por el temor de que la gente se burlara de mi. nunca he tenido la oportunidad de hablar esto con algien quisiera que me respondieras me dieras un concejo y q me guiaras no tengo el apoyo de mis padre me siento sola y agobiada dale gracias por escucharme perdon si te hize perder tiempo". (Texto copiado como ella lo envió).
Qué le puedo decir a ella, si desde su casa, sus Padres le viven exigiendo cosas. Me pregunto si, ¿así como le exigen a los hijos tener cuerpos esbeltos (o sea, dentro del estándar que dictan los medios de comunicación), si así mismo le exigen entrenar el cerebro y el corazón, para que tenga mejores notas y sentimientos; si así también le exigen que sea respetuosa con su cuerpo y con los demás, para que sea un mejor ser humano?
No sé qué pensar.
No sé qué decir.
Solo sé que algo estamos haciendo mal.
Creo que todo radica en el respeto. Una palabrita tan fácil de decir, de escribir, pero tan compleja de implementar. También pienso que hay un problema grande de complejos, vivimos acomplejados por todo.
Esa es otra cosa que nunca he logrado entender completamente, todos nos acompleja. Yo soy gorda, bajita, no vengo de una cuna de oro, me crié en un pueblo, no hablo otro idioma, nunca he ido a los Estados Unidos, no he leído lo suficiente, no veo cine inteligente, nunca tuve un cargo directivo, ni un sueldo de gerente, no tuve un postgrado a los 25 años, no tomo vacaciones todos los años, tengo celulitis, barriga, estrías, tengo mala dicción, dentro de poco, tendré arrugas, muchas canas y... ¿me escondo?, ¿me entierro en un hueco en la tierra para que nadie se burle de mi? Nooo, esto es lo que soy. Me acepto como soy.
Soy gorda hace más de 20 años y no recuerdo nunca un insulto a mi gordura, por una sencilla razón, NO les paro bolas. Hay casos verdaderamente preocupantes en la vida, como para que a uno se le acabe el mundo porque la ropa no le queda buena, o porque le salió una estría, o porque tiene que usar gafas, ¿no les parece?
Me preocupa, en serio, que cada vez hay más casos de matoneo por los motivos que sean, y es lamentable que no se emprenda una campaña seria, desde los hogares, para que mamás, papás, hermanas, hermanos, tíos, tías, suegras, dejen de hacer sentir mal a sus familiares.
Doy gracias a Dios por la familia que me tocó, porque a mis Papás siempre nos vieron bonitas, (me imagino), para ellos lo único que siempre fue importante fue que estudiáramos y fuéramos útiles para la sociedad, sin pensar si estábamos muy gordas o muy flacas, si teníamos pocas tetas o muchas, si la nariz era respingada o chata. Solo éramos sus hijas perfectas como éramos. Ojalá mucha gente tuviera papás como los míos.
Lamento mucho lo de Sergio, espero de todo corazón que no se compruebe maltrato por parte de la dirección de su colegio, porque sería lamentable, espero que mi lectora de 17 años, saque fuerzas a su tierna edad y comprenda que sí es muy útil, y que seguro es muy linda, así como es.
Perdón por tanta carreta, pero tenía que decirlo.